Ana Rossetti: «Cada libro tiene su poética, cada libro tiene su universo, su sentido»

 

Quedamos con Ana Rossetti un sábado por la tarde en la cafetería del bullicioso Círculo de Bellas Artes de Madrid. Tardamos un poco en encontrarnos. «Ya os dije que esto estaría a tope» nos recuerda la poetisa. El ruido es un inconveniente para la grabación de la entrevista, así que nos movemos hasta los jardines del Edificio Zurich. Nos reciben las cabezas poliédricas de colores que hacen de mesa en la terraza del restaurante Fábula. Encontramos refugio dentro del local. No hay nadie más, salvo el camarero. Nos sentamos bajo unos farolillos que, colgando del techo, recorren el largo de la cristalera. El camarero nos trae los dos cafés y el Nestea y sale a la calle, quizá a fumar. Nos quedamos solos y comenzamos la entrevista.

¿Cuándo comenzaste a escribir poesía?

La verdad es que no lo sé. Desde chica he escrito mucho y bajo cualquier forma. La primera cosa que recuerdo haber escrito para mostrarlo fue una obra de teatro que se llamaba El milagro de la rosa. Tras escribirla, busqué a las niñas, busqué las ropas, les hice aprenderse el texto, pedí una sala, pusimos en marcha la función… Yo debería tener unos ocho años. Usé el velo de mi comunión para la representación, así que seguramente fue al año siguiente.

Sin embargo, publicaste tu primer poemario con treinta años. ¿Qué fue lo que te decidió a publicar?

Yo no pensaba en publicar. No estaba en ese ambiente y ni siquiera sabía que es lo que había que hacer. Pero sí había escrito obras de teatro y las había estrenado en los círculos de teatro independiente. Allí me sentía a gusto, pero no me consideraba ni escritora, ni dramaturga ni nada relacionado con las letras. Yo no estaba en el mundo literario, estaba en un submundo de marginalidad como era el de estos grupos de teatro. Pero siempre había escrito poemas. En general eran cartas para gente que yo conocía y con la que se había establecido  ese código de comunicación. Publicar esos poemas en forma de libro fue por unos motivos que no tenían nada que ver con ingresar en la “República de las Letras”

He constatado que muchas mujeres hemos empezado a publicar por casualidad. O más bien, por una causa: porque de repente nos hemos quedado sin trabajo, o viudas, o en la miseria… Siempre es por una necesidad. La causa es siempre la necesidad, menos en el caso de Mary Shelley, que fue por un juego. Llama la atención, el que publicar no sea por publicar no sea el objetivo. Yo creía que esto era algo que me pasaba a mí de manera particular, pero cuando he visto se repite en otros muchos casos, creo que habría que ver qué opinión tenemos nosotras mismas sobre nuestra escritura. A veces descubres que tienes interiorizadas ciertas cosas y vives sin saberlo.

Cuando me llamaron para darme la Medalla de Andalucía creía que eran del programa Inocente, Inocente. No me creí que era verdad hasta que estuve allí recogiéndolo. Recientemente se han emitido en Andalucía un programa sobre los premiados y entonces comprobé que todas las mujeres habíamos recibido la notificación del premio convencidas de que, o que había habido una confusión o que era una broma. Lo mismo le pasó a María Zambrano cuando le dijeron que le habían concedido el premio Cervantes, ella  preguntó: « ¿Está usted seguro de que yo me lo merezco?» Esto que parecen anécdotas graciosas, no tienen nada de gracia. Hasta hace muy poco no fui consciente de nuestra falta de autoestima, porque eso es lo que es.

Por ejemplo, a Fernando Arrabal le llamaron de Inocente Inocente, como pregonero de un pueblo, supuesta cuna de un supuesto conquistador de una isla polinésica, y allí estuvo él ensalzando al héroe, pretendiendo que sabía quién era y recibiendo a los nativos de la isla que vinieron expresamente a agradecer sus palabras y a ofrecerle en matrimonio –o lo que fuera- a la hija del jefe. Y él, encantado. Y la gente, encantada de que se lo estuviera tragando todo, porque Arrabal no es tonto, es que los de Inocente, Inocente son geniales. Pero si eso se lo hubieran hecho creer a una mujer,  ya no se hablaría tanto de la genialidad de los guionistas, sino de que ella es imbécil. Como para extrañarse de nuestra falta de seguridad.

Ana Rossetti | Revista de poesía TEMBLOR

Revisando tu obra poética, vemos que ha sufrido numerosos cambios desde Los devaneos de Erato a Deudas contraídas. Los cambios de métrica y estilo, ¿son una forma de ponerte a prueba y seguir desarrollando tu voz poética o son un modo de sorprender a los lectores?

Yo no pienso en los lectores. En el momento que me pongo a escribir lo que manda es lo que se está escribiendo.

En Punto umbrío ya dejé la métrica, apenas había un par de poemas medidos en todo el poemario. Además, los poemas de este libro tampoco tienen título, mientras que en los anteriores jugaba con los títulos, las citas, las dedicatorias… formaban parte del propio poema y le daban ciertas claves. A su vez, cada poema es un mundo cerrado. Sin embargo, en Punto Umbrío se pueden leer todos los títulos seguidos porque siempre empiezan por una preposición o por una partícula que pueden enlazar con el anterior; esto no respondía a una intención consciente, sino que cuando me puse a escribir salió así, como un relato único.

Muchos de los poemas de Punto umbrío están escritos después de la ópera El secreto enamorado, son materiales que no utilicé en ella. Representan las relaciones entre Oscar Wilde, Constanza y Lord Alfred Douglas, quizás sea por eso.

Claro, ahora cobran otro sentido diferente. Si no me lo hubieras dicho, nunca me habría dado cuenta.

Y si te dijera que además de Óscar Wilde, están Ignacio de Loyola, Pinito del Oro, la película Exótica de Atom Egoyan, la revista Ajo Blanco, los bomberos de Florencia, Juana de Lestonnac, Paula de Capriolo…? A lo mejor no conoces ni la mitad de lo que te he dicho así que por mucho que se quiera, no se puede saber lo que está escribiendo otra persona, ni lo que está sintiendo, ni lo que le está pasando. Ni falta que hace. Tú no puedes saber las claves que tengo yo. Está bien que saques tus conclusiones, pero te estás leyendo a ti. Tampoco yo puedo saber lo que el poema te está provocando. En definitiva, el sentido del poema es el que le da quien lo lee.

Volviendo a los títulos, en Deudas contraídas (2016), tu último poemario, vuelves a ellos.

Sí, porque en esta ocasión me surgía el poema del título. Por ejemplo, vi un letrero que ponía «Salida de Emergencia», y pensé: «en la vida, ¿cuál es nuestra salida de emergencia?». También paseando por los escaparates, veo aquello de «Existencias Agotadas». Y, de repente, me pregunto cuánta gente ha agotado su existencia sin haber vivido.

Son como detonadores poéticos.

Exactamente. Hay cosas que tienen ya de por sí fuerza y, si además les das ese otro nuevo significado, pues se convierte en un valor añadido. Así les estoy dando una nueva significación.

En tus poemas, el lenguaje es siempre justo y preciso, y la métrica está muy cuidada. ¿Cuánto tiempo dedicas a repasarlos y corregirlos?

Mucho. Y no termino. Hay cambios de una edición a otra, aunque sean mínimos. Por ejemplo, no puedo soportar las asonancias, pero te salen. Tras leer los poemas en público te las encuentras y las cambias en cuanto tienes la oportunidad. Si pasan años prefiero no volver a ellos porque los cambios serían radicales.

¿En las dos recopilaciones de tu poesía, Yesterday (1988) y La ordenación (2004), hay cambios?

Sí hay cambios, aunque normalmente suelo dejar que la persona que está haciendo la edición siga su propio criterio. Pero hay muchas cosas que cambiaría ahora si volviera a leer esos poemas. Aunque, comprendo que sería un error, porque no es el poema el que ha cambiado, sino yo y sería una traición a la que en esos momentos fui. Pero eso, una cosa es cambiar una palabra por otra, pero cambiar el sentido del poema es negarse a una misma.

¿Alguna vez te has arrepentido de haber escrito algo?

Si, Devocionario (1985)… (Risas) ¡Qué claro lo tengo!

Pero te premiaron por él…

Sí, lo que tú quieras… Pero es que muy poca gente lo ha entendido como a mí me gustaría que se entendiese. Quizás sea una tontería, pero es que lo veo como un libro frustrado, aunque la gente pueda sacar algo de él, leer lo que le dé la gana… Sin embargo, no han dado con el tono que yo pretendía transmitir, y, por ello, me doy cuenta de que no lo debería haber escrito así. Hubiera quitado unos cuantos poemas que, quizá, despistan un poco…

No puedo evitar tener la sensación de que, si yo fuese una poetisa del Siglo de Oro y la gente se interesase por estos poemas, investigaría. Se metería en la hagiografía, en la liturgia…  Intentaría recuperar ciertas claves. En definitiva, lo desglosaría de otra forma. Pero se suele tratar como si fuese una revancha… No sé. Me llegaron a decir que el libro destilaba ira y rencor.

Por ejemplo, se me viene a la cabeza el poema «Santa Inés en agonía», que incluye el siguiente salmo «No me dejes, no te apartes de mí». Sant’Agnese in Agone es una iglesia que está en Roma, en la Plaza de la Lucha (dell´Agonia, porque allí se hacían combates de gladiadores) que ahora es la Piazza Navona. Resulta que un patricio se enamoró de Inés, que tenía trece años. Ella se opuso a sus deseos, y a los de su padre que estaba encantado de emparentar con un joven de buena familia. Como ella se resistió, el muchacho enfermó de melancolía, por lo que el padre, al sospechar que es cristiana y que quiere preservar su virginidad, furioso, la encerró en un prostíbulo, que es donde está ahora la iglesia. Pero un ángel la defendió de ser profanada. ¿Ves? De ahí el salmo. Cuando estuve viviendo en Roma, raptaron a una niña de trece años en ese lugar y la violaron… Ella no tuvo un ángel. Ese es el poema. Pues me han llegado a decir que mi poema se trataba de una masturbación. Puedo entender que no todo se sepa, pero si lo lees y no lo comprendes, ¡investiga sobre santa Inés! Por eso digo que no se analizan a los contemporáneos con la minuciosidad que se les presta a los de siglos anteriores.

La cuestión es que no se entendió nada, así que la conclusión que saco es que yo me equivoqué en la forma de expresarlo, porque en este poema hay una denuncia y no la he sabido trasmitir.

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Ahí radica la importancia de los títulos, porque nos dan pistas.

Lo que me parece raro es que todo el mundo admite que no sabe nada, no digo ya de hagiografía o liturgia, sino del catecismo pero luego se lanzan a interpretar sin mirar siquiera el misal romano. Los títulos dan pistas, pero si no se sabe a qué se refiere el título mismo, poco podemos hacer. El poema La Invención (invenio, “descubrir”) de la Santa Cruz, hace referencia  a  la festividad litúrgica del 3 de mayo. Santa Elena descubre la cruz de Cristo y manda hacerse una diadema con los tres clavos. Eso lo cuento en el poema y resulta que hay gente que piensa que es una frivolidad que me  he inventado porque soy una anticlerical y es que, claro, parece que si es así, tiene más mérito. Se valora mucho en la obra escrita por una mujer si es «transgresora». Pero transgredir para nosotras es muy fácil porque cualquier cosa que hagamos les escandaliza. Ya quisiera yo que una Bukowski femenina, o una Leopoldo María Panero que se ponía a mear en medio de los recitales, consiguiera el mismo prestigio que ellos.  La verdad, es que estoy negra con este adjetivo, porque carece de sentido aplicado a nosotras (risas).

Hablando del Siglo de Oro. Si analizamos el estilo de tus primeros libros, vemos una mezcla del Clasicismo y de esta tradición áurea con ecos modernistas y toques eróticos. A partir de Punto Umbrío te metes de lleno en la poesía en prosa ¿Te sientes más cómoda en algún estilo en concreto?

No. También escribo poesía infantil y esta la hago toda rimada. Lo mismo te puedo hacer una décima que un soneto, no importa. Pero la rima o la no rima no define la poesía.

¿Sigues algún criterio a la hora de seleccionar la métrica?

La mayor parte de la poesía infantil que he escrito forma parte de unidades didácticas y deban tener una determinada extensión.

Y lo ajustas a ella.

No tiene nada de malo. La gente se rasga las vestiduras, pero así se ha hecho todo el arte hasta el siglo XIX. No había otra manera de hacerlo. Los dramaturgos hacían las obras para su compañía. Si la compañía tenía siete personas, tres hombres y cuatro mujeres; pues se hacía una obra para tres hombres y cuatro mujeres, sin dejar a nadie sin papel y sin desbarrar poniendo personajes de sobra. El único que desbarraba era Cervantes y después no tenía quien le representara la comedia. Lo único que le compraban eran los entremeses, que eran los únicos que se ajustaban a la realidad.

ana rossetti revista de poesía Temblor

Volviendo a Deudas contraídas, tu último poemario, vemos que es una denuncia social sobre todos los males de los que adolece nuestro tiempo. Es llamativo, porque hasta ahora no nos habíamos encontrado una conciencia social tan marcada en tus poemas.

Sí la había, pero no los había publicado en libros.

¿Hubo entonces algún hecho en concreto que fuese un detonante para dedicarte más a esta temáticaEn otra entrevista dijiste que te había llevado diez años conformar este libro.

Algunos poemas que están en Deudas contraídas se escribieron antes de pensar que iban a formar parte de un libro, porque en principio iban a ser para otras cosas. Por ejemplo, el primer poema lo escribí para un percusionista, Juanjo Guillén, que hizo un concierto llamado Lamento, y yo le compuse este poema. O el último poema, por ejemplo, era para un proyecto sobre Las instrucciones de Yoko Ono que al final no salió. También hay otro escrito en el contexto de la guerra de Irak. Un día me pidieron algo sobre ciudades para una revista de aparejadores. Y ahí hablé de la destrucción de Bagdad, la ciudad profanada. Eso fue mucho antes de escribir el poema de Arrebatadas y de tener conciencia de poder hacer un libro con ellos.

Un hecho muy importante para la composición de los poemas fue mi visita a Los Ángeles, donde impartí un curso de escritura creativa. Tuve un alumno mexicano que me dio a conocer muchas cosas sobre la población mexicana en Los Angeles. En una ocasión me invitó a una representación sobre los feminicidios de Ciudad Juárez; luego hubo un coloquio con las familias de las víctimas. Hasta entonces yo solamente había tenido información sobre los asesinatos, pero informar no es comunicar y el tomar conciencia del día a día de esas familias fue como una sacudida. Era duro escuchar cómo iban a reclamarles a las autoridades y cómo se les argumentaba que sus hijas eran prostitutas y no merecía la pena perder el tiempo en buscarlas. Tampoco, si se encontraban los cadáveres querían hacerles las pruebas de ADN…  Casi de un tirón escribí Arrebatadas y Halladas, y aunque luego tuvo revisiones y retoques, ya cobré confianza en que podía escribir sobre cosas que me conmueven, aunque sean ajenas a mí y lograr que sean poesía sin disfrazar su sentido. Porque una cosa es que haya asuntos que me preocupan y otra, encontrar el lenguaje adecuado.

En mi caso hay dos temas que aunque me conciernen, no he tocado: uno de ellos es la maternidad. No la he tratado para nada, porque no sé por dónde abordarla y seguramente caería en tópicos. El otro tema que no he tratado es el amor. Se tiende a escribirlo a propósito del desamor, del sufrimiento, o de la carencia. En definitiva: se habla desde el deseo o la ausencia, no desde algo cumplido y gozado. Pero aun así, es muy difícil escribir sin caer en el binarismo, en las relaciones de poder y en los lugares comunes –y perniciosos- del amor romántico. Pero bueno, a mí no me sale lo que querría, aunque quizás algún día me animo.

El último poema, «Atrévete y sucederá», arroja algo de esperanza entre las injusticias que se denuncian. ¿Crees que la sociedad actual puede mejorar?

No creerlo es reaccionario, es un pensamiento pesimista y reaccionario. La gente se mete mucho con los finales felices y hay que matizar eso. Si tú no crees que el ser humano tiene capacidad para regenerarse, para superarse, para cambiar las circunstancias… tienes el fatalismo metido en el cuerpo. Si observas cuánta gente ha salido a flote como soberanas de su destino, que se han decostruído para luego reconstruirse… Ayer, por ejemplo, se presentó Puñal de Claveles de Carmen de Burgos, y la historia de esta autora es tremenda. Ella se escapa de las palizas de su marido, busca la manera de estudiar magisterio, oposita y viene a Madrid, pero su tío abusa de ella y no tiene más remedio que buscarse un alojamiento para ella y su hija, que no veas las habladurías… Sin embargo, ella se construye una vida y es una vida de conquistas personales y de reconocimiento público. Es una persona que aunque denuncie injusticias o desajustes con conocimiento de causa, jamás se recreó en el victimismo. ¿Habéis leído Puñal de Claveles?

No…

Pues es fundamental porque te das cuenta de cómo es ella.  Puñal de claveles y  Bodas de Sangre de Lorca parten del crimen de Níjar. Carmen de Burgos aunque hace un proceso de identificación con el personaje al ponerle la misma edad que tenía ella cuando se casó, dieciséis años, todo lo demás es muy parecido a la versión lorquiana. Sin embargo hay una gran diferencia: acaba la novela cuando los dos huyen a Almería y no sabemos si los alcanzan o no. Ella no los castiga, como hace Lorca. Es verdad que él se ajusta a la realidad, pero ella les permite que escapen, les da esa esperanza. Eso hace que las historias sean distintas. Carmen de Burgos es una mujer puteada hasta las trancas, pero que cree que siempre se puede ir a mejor y luchó por conseguirlo. Y eso es lo que hay que hacer en vez de insistir en la queja.

Y tras Deudas contraídas, ¿cómo definirías tu poética?

Es complicado hacer una definición. Piensa que ‘poética’ significa «cómo lo haces». Cada libro tiene su poética y cada poema tiene su universo, su sentido. Muchas veces he estado escribiendo cosas simultáneamente, y en cada cuartilla me he metido en un recinto diferente. Eso también te ocurre con la vida. Una vez me regalaron un diario y me resultaba muy difícil qué poner, porque a lo largo del día había estado triste, alegre, me había llevado una sorpresa… ¡No sabía escribir eso todo junto! ¿Cómo podía sintetizarlo? Eran unos estados anímicos que se habían ido entrelazando y que, a la par, eran distintos. Y me decía «no estoy escribiendo la Verdad»» (risas).

Volviendo a la pregunta anterior, quizás crees que esto que te voy a decir es un tanto naif, pero ¿crees que la poesía, la literatura, puede hacer algo para contribuir con el mundo?

No (risas). Ten en cuenta que ha habido muchos grandes poetas que se han suicidado porque la poesía nunca ha hecho nada por ellos y han llevado una vida perruna. Tú no escribes porque tengas una fe intacta en la salvación del mundo. Al final lo importante es que la poesía depende de cada persona: puedes escribir un poema que te hunda o uno que te salve, pero que cause el mismo efecto en los demás, es otra cuestión. Fíjate para lo que sirvió la música de Warner, por ejemplo.

La cuestión, y repito, no se sabe si es para bien o para mal, es que hay gente que ha leído un libro y se ha dado cuenta de algo. Se abren puertas desconocidas, que no tienen que ser para el bien y la justicia universal. Los nazis se hartaron de leer libros y de escuchar música. Pero más importante que tener cultura es tener principios y ¡ojo!, que lo digo como persona, que nada de esto es misión ni de la literatura ni del arte. Diría que el arte cuando actúa lo hace como una especie de gracia, cuando una obra determinada, de pronto conecta con una disposición precisa que tienes en un momento concreto de tu existencia. Y no siempre pasa.

Me interesaba tu opinión, porque ahora con la dinámica utilitarista del mundo, que no es algo nuevo, parece que hay que dotarle de sentido a todo.

La deriva utilitarista ha estado siempre presente hasta que se inventó el «arte por el arte». Ha habido más épocas de arte utilitario que no después, porque el arte era siempre un mensaje para decirte quién estaba al mando, esto es lo que hay que creer, esto es lo que hay que evitar o esto es lo que te espera según como te portes. Nadie lo hacía para echar el rato y menos aún iban a estar pagando los reyes o los obispos a los artistas para que hiciesen lo que les diese la gana. Por ejemplo, Las Meninas, que se titula El elogio a la pintura! Allí Velázquez hace todo lo que sabe de pintura, pero prima el mensaje oficial. En ese momento, Margarita de Austria era la única heredera tras la muerte de Baltasar Carlos, y Velázquez crea con las figuras del cuadro la corona boreal en la que Margarita ocupa el lugar de la estrella Margarita coronae, o sea, que ella es la perla de la corona. Y eso que quien encargó el cuadro era Felipe IV que era un gran entendido de arte, pero el arte entonces no se entendía como puro placer estético.

Te quería preguntar sobre la antología de Las Diosas Blancas, porque el tono del antólogo me pareció del todo inadecuado. De hecho, el prólogo es cuanto menos demencial: cuando habla de ti y del poema «Chico Wrangler», dice que ojalá que pudieran incluir la foto con el culito porque te daban ganas de pellizcarle…

Sí, sí. Parece que a pesar de que el poema trata evidentemente de un chico, él  habla de una mujer…no sé es muy raro.

Alucinamos, porque en otras obras mencionaban dicha antología como algo ‘transgresor’, precisamente… Es curioso que sea un hito en la poesía hecha por mujeres del siglo XX, cuando las formas de tratar a las autoras son tan denunciable.

Hoy en día seguimos igual, como si nunca hubiéramos escrito. Y, la verdad, es que llama la atención, porque en el siglo XX tenemos un largo recorrido: Carmen Conde, Ángela Figuera, Angelina Gatell… En Conde hay mucho erotismo, por ejemplo, que es algo que me han atribuido siempre a mí como si fuera una rara avis. Pero también en cuanto a poesía cívica, tenemos buenas maestras.

En el caso de Las Diosas Blancas se buscó aglutinar a muchas poetas jóvenes y distintas. Cuanto más jóvenes y distintas, mejor. En ningún momento se buscó crear una escuela, un nexo entre ellas.

¿Cómo acabaste formando parte de Las Diosas Blancas?

Yo no suelo negarme a que otra persona haga su trabajo y en definitiva, yo no soy la responsable del resultado. Lo que pasa es que hoy en día, el trabajo lo tienes que hacer tú: la selección., la biobibliografía, la poética…total que la otra persona lo único que hace es llamar por teléfono.

Ahora estoy trabajando sobre la época de la Movida y con la Transición parece que, de repente, se dan cuenta de que las mujeres escribimos, como si antes no hubiera habido nadie escrito nada

. Pero, en ese momento, era una locura porque decían: « ¡oh, cuántas mujeres escribiendo!» Y nos sacaban por todos lados: en la televisión, en la radio, en las revistas… Pero el interés que despertábamos no era literario precisamente. Qué se puede pensar de una antología que se llama Mujeres en su tinta, o de otra que tiene en la portada un catavino con unas bragas rojas dentro, como lo oyes; y otras muchas que parecen más serias… y para nada lo son. Piensa que cuando se habla de la obra de una mujer, en realidad se habla de esa mujer y se han  atrevido a decir sobre ellas unas cosas que de un hombre jamás se comentarían.

Eso es muy interesante, porque quizás la clave esté en la forma de tratar. Si se habla de las mujeres se comenta incluso cómo van vestidas: ¿qué importancia tiene si lleva un vestido verde o una camisa?

Por eso es lo que te digo. Recuerda cuando Rosa Regás ganó el Planeta y decían qué menuda forma de cruzar las piernas…O el caso de Remedios Zafra, que le han dado un premio de ensayo muy importante, el Anagrama, y solo se hablaba de su pelo rubio platino y de sus labios rojos. Tratar así a un hombre… vamos de ninguna manera.

Claro, porque es lo que más llama la atención, no si escribes bien o mal.

Si nadie habla de tu físico es porque eres fea (risas). Mira el caso de María de Zayas, aunque sea una autora áurea: todo el mundo alababa su literatura pero no se registra ni un solo piropo siquiera por observar la cortesía de la época. Entonces, se plantea lo contrario: se deduce que no era muy agraciada y en muchos estudios te recalcan esta cuestión. Las guapas por guapas y las feas por feas, la estrategia es desviar la atención del hecho creativo.

Tu primer libro, Los devaneos de Erato, se publicó en 1980, en plena Movida Madrileña. ¿Cómo eran aquellos de libertad y cambio? ¿Tuvieron influencia en tu poesía?

No, la poesía estaba escrita antes de publicar el libro. La influencia que tuvo la Movida para mí fue que el libro salió en aquella época y tuvo una acogida y una significación que no hubieran sido las mismas si lo hubiera publicado en otro momento. Con los años, es cierto que el libro se lee y «es muy Movida», pero los poemas están escritos antes de los ochenta.

Una parte de la izquierda en la actualidad quiere revisar la Movida, porque la entiende como una especie de distracción narcótica o anestesiante del franquismo. ¿Compartes esta idea?

Sí. Pero, claro, esos análisis se hacen a posteriori y no están faltos de razón. A mí la Movida me vino muy bien. Pero también es verdad que yo no estaba comprometida políticamente como otras personas lo estaban. Aunque estaba en grupos de teatro independientes no militaba en ningún partido. Es verdad que me había detenido la policía como a todo el mundo… Pero no era como otras personas, que estaban esperando a que llegase la Democracia para conseguir derechos y libertades. Esa gente se sintió muy frustrada, porque de repente lo que se podía decir ya no le importaba a nadie que se dijera. Las supuestas obras maestras que guardaban en los cajones, no salieron por ningún lado. Pero como yo no tenía idea de qué se tenía que decir distinto a lo que yo había estado escribiendo y representando, no sentí esa decepción. Es verdad que se acabaron los grupos independientes, pero el grupo en el que yo estaba se extinguió por causas naturales.

Cuando se piensa en la Movida, lo primero que se tiene que considerar es que una cosa fue cómo surgió la Movida y otra cosa es cómo se manipuló. Tiene más simpatía para mí cómo comenzó, pero luego se empezó a instrumentalizar: entonces parecía que la Movida era obra y gracia de Felipe González, por decirlo de alguna manera, y eso sí que no. El movimiento salió espontáneamente, si luego se quiso aprovechar políticamente y se promocionó y se subvencionó y se convirtió en producto y en propaganda, ya es otro asunto. Ahí está la maniobra de distracción a la que se refieren. Pero eso no salió de los artistas sino de los despachos.

Fernando Castro Flórez cuenta que por aquellos años se publicó un artículo en el Times en el que se mencionaban a Nueva York, Londres, París y Madrid, y se decía que entre ellas solo Madrid era una capital de cultura.

Es verdad. Empezó a surgir una forma de expresarse distinta que creaba otra realidad. Yo no puedo criticar la Movida en ese sentido. Ahora, lo aprovecharon para crear una pantalla que ocultaba otras cosas. Aparte, la Movida no fue solamente la que ahora recordamos. Hubo otros movimientos. Por ejemplo, hubo dos revistas, como La luna de Madrid, que se convirtió en la “oficial”, la que a la oficialidad le interesaba mostrar. Pero había otra, que era El canto de la tripulación, que ya no interesaba tanto, pues allí había mucho del «No Futuro» del punk y eso no se podía consentir. Sin embargo, ambas formaban parte del mismo movimiento, e incluso contaban con los mismos colaboradores en algunos casos… Una cosa es lo que haga la gente, y otra cómo se etiqueta y se analiza desde fuera.

Ana Rossetti entrevista | Revista de poesía TEMBLOR

Se supone que vivimos en una época de libertades: libertad de pensamiento, de expresión, libertad sexual… ¿Se parece en algo esta libertad actual a la de entonces?

No. Deberíamos empezar por saber qué es lo que la gente entiende por libertad. Has hablado de libertad de pensamiento… Ahora es cuando menos libertad de pensamiento tenemos, porque nos creemos que podemos pensar de manera autónoma, pero lo tenemos todo completamente condicionado y completamente dirigido. Nos creemos que hacemos lo que queremos, pero no es cierto. Eso, por un lado. Por otro lado, en la época franquista yo estaba con grupos de teatro independiente, y es verdad que teníamos que pasar por la Dirección General de Seguridad, por la censura… Pero luego hacíamos nuestras obras de teatro, nos buscábamos los sitios para actuar, íbamos por toda España. No estoy hablando ni bien ni mal de ello, sino para ponerte dos ejemplos.

Luego, cuando ya se asienta la Democracia, hay que entrar por el circuito que ponen los Ayuntamientos o las Diputaciones y eso supone otras servidumbres. Ya no se puede hacer teatro, como no sea en los centros culturales que gestionan los Ayuntamientos. Antes se pasaba por el aro de la censura; ahora pasamos por una criba más sutil. Además de que no tiene sentido criticar al gobierno con dinero del gobierno.

Al principio de  la Movida no había ayuntamientos involucrados, no había subvenciones, no había nada, ni siquiera los propios protagonistas de La Movida sabían lo que estaban provocando. Era una explosión. Estábamos haciendo cosas nuevas, y las estábamos expresando de cualquier forma que supiéramos, pintando, cantando, bailando, escribiendo. Ibas por la calle y te encontrabas a una orquestita tocando, a gente haciendo títeres, a gente leyendo poemas… Y todo eso ahora es impensable, porque hasta los músicos callejeros están regulados. No es igual. Los espacios libres cambian. Te permiten algunas cosas y te prohíben otras; luego, las que estaban aprobadas se censuran pero como aprueban algunas de las prohibidas, se va creando la ilusión de libertad.

Se tiene la percepción de que con las redes sociales es mucho más fácil expresarse y cualquiera puede hacer poesía…

Ahora es cierto que hay una gran facilidad, se puede escribir poemas en las redes que al instante son leídos. Se hacen una gran cantidad de cosas simultáneamente que cubre un gran radio de acción. Lo que ocurre es que eso no tiene nada que ver con si eso es arte o poesía aunque lo sea. No estoy calificando, porque cada cosa tiene su valor y porque para muchas personas, son posibilidades que se les están abriendo. Pero también por un tuit te meten en la cárcel.

¿Cómo ves el panorama de la poesía actual? ¿Cuál es tu lectura del momento?

La poesía ahora encuentra muchos más cauces para divulgarse rápidamente y gracias a  la red se cohesionan grupos. Eso tampoco quiere decir nada. No estoy haciendo juicio de valor, pero que en los bares haya recitales de poesía todas las noches, o casi; que incluso hasta los domingos por la mañana está Ana Pérez Cañamares en Vergüenza ajena leyendo; que, de pronto, suene un rap de Gata Cattana en spotify ; que esté Neorrabioso haciendo pintadas por no sé dónde, sobre todo por Malasaña… Eso, te lo puedo asegurar, cuando yo era chica, no era así. Es que se fantasea muchísimo con lo de «cualquier tiempo pasado fue mejor», pero aun admitiendo que lo fuera, todo era mucho más difícil. Primero porque en los años cincuenta la gente no estaba tan alfabetizada y no tenía dinero para comprarse libros (cuando yo nací todavía había cartillas de racionamiento), no había en todas partes bibliotecas públicas o no estaban bien abastecidas; no había fotocopiadoras: cuando algo nos interesaba lo copiábamos a mano. La de veces que habré copiado yo a Rosalía de Castro o los” Recuerdos del cielo” de Alberti… Sin embargo la poesía también circulaba: de boca en boca y los ripios, también. Pese a esas dificultades, había poesía y había cursilería. Y ahora lo mismo, solamente es que hay mayor cantidad de la una y de la otra.  Parece que me contradigo pero es que como decía Bécquer “podrá no haber poetas; pero siempre habrá poesía” y es absurdo prestar más atención al vehículo que a lo que transporta.

La distinción entre alta cultura/baja cultura… en la literatura a lo largo del siglo XX está bastante mascada, pero este conflicto que hay ahora entre una especie de poesía buena/poesía mala, en parte por la influencia de las redes sociales, ¿estaba también?

Claro. Ahora y siempre. Toda la vida. Mira en El Buscón, o el Viaje al Parnaso…En toda la historia del Arte y de la Literatura,  siempre hay un afán de decir esto es la paja y esto es el heno y tienen que ir separados. Pero ¿quién lo dice? ¿Quién canoniza? No sé, es un  terreno muy resbaladizo. Hay artistas que en su época fueron venerados y que de pronto se dejan de considerar. O al revés. O que fluctúan entre el entusiasmo y el olvido siglo sí, siglo no. Muchas veces decimos ‘bueno’ o ‘malo’ porque no nos interesa o no nos gusta, y eso es una cosa que tenemos también que reflexionar. Primero, que a lo mejor no te interesa o no te gusta porque no la entiendes y segundo, si la entiendes, por qué no te interesa o por qué no te gusta. Es más sugestivo comprender por qué puede gustar algo aun sabiendo que es vulgar, y que una obra maestra  pueda no gustar aun reconociendo que es buena, porque en definitiva al hacerlo, no estamos estudiando a la obra sino a nuestras emociones. Y más vale que admitamos eso antes de ponernos a pontificar.

Se ha levantado un montón de polvo con las editoriales, como por ejemplo Frida, a las que se les ha atacado porque venden 15 000 ejemplares…

¿Por qué si se venden 15 000 ejemplares es malo? Que me lo expliquen a mí. Vamos a ver, hay cosas que se venden mucho y son buenas o son malas, y hay cosas que se venden poco y son buenas o son malas. La literatura nos ha dado muchos ejemplos de eso: El Quijote fue un best-seller y por eso andaban todos diciendo que era una porquería. Las cosas porque sean masivas no tienen por qué ser malas, y las cosas porque sean marginales no tienen por qué ser buenas tampoco. Un libro porque esté en una buena editorial no tiene por qué ser bueno ni porque esté premiado es una obra maestra. En España hay más de 3.000 premios literarios al año, algunos  muy bien dotados económicamente y que no se pueden declarar desiertos. Como tú comprenderás no va a haber 3 000 libros ni 3 000 poetas excelentes cada año, eso es imposible, por estadística, no somos tantos. España no es Estados Unidos o Rusia, y, aun así, es una barbaridad. No puede haber 3.000 libro significativos. Ni en el siglo de Oro. Eso no quiere decir que todos  sean malos, sino que simplemente todos no se corresponden a lo que debería significar un premio. Pero yo no puedo meterme con los premios en sí porque fue un premio el que me dio a conocer.

De Secreto enamorado ya hemos hablado, pero ¿cómo fue la experiencia de escribir un libreto de ópera? ¿Has pensado en hacer más incursiones en obras dramáticas?

Lo que yo piense es una cosa, la realidad es otra. Es un absurdo escribir en el vacío y menos algo como es una ópera en donde el soporte de la música es fundamental. Muchos libretos son una verdadera tontería, pero tienen una música… grandiosa, y, aunque tengas un libreto bueno si la música no funciona… ya puedes escribir El Cantar de los Cantares que el resultado va a ser un horror. Es algo parecido a cuando se empieza a musicar a los poetas, que no todo el mundo los musica bien. Entonces da igual que la letra sea de San Juan de la Cruz o de Perico el de los palotes porque si la música no corresponde a la emoción del poema, le hace un mal servicio.

¿Cómo me dio a mí por hacer eso? Pues eso lo hice porque el compositor Manuel Balboa recibió un encargo del INAEM y él me eligió para que le hiciese el libreto. ¿Por qué hice la versión de Fuenteovejuna? Porque me lo encargo el CAT. ¿Por qué hice el Jardín de Falerina? Porque me lo encargó el CDN. Por eso no me voy a embarcar en una versión de El perro del hortelano, por ejemplo y bien que me apetecería, porque sin un proyecto previo y un director/a que apoye mi punto de vista sobre el asunto, me la como con papas.

Ahora, ¿en qué estás trabajando?

Ahora tengo que escribir una conferencia sobre la Movida y la Transición, así que tengo que centrarme en eso y en nada más porque es complicado… Tengo que reflejar lo que estuvo pasando en esos años y cómo por un lado hubo mucha eclosión que, a mí, por un lado, me favoreció tanto y por el otro… Todas las injusticias que se cometieron.

 

 

Marina Patrón Sánchez

Estudié Periodismo y Derecho en la URJC, pero la Literatura y un Máster en la UCM salvaron mi vida. Ahora estoy pensando qué hacer con ella.

1 Comment
  1. Soy poeta/escritor muy reconocido en varios países de Europa y Latinoamérica. Mi libro Chacales y corderos está en Amazon. Me gustaría colaborar con ustedes para lograr mejores resultados literarios y en específico gramática y vocabulario. Si desea puede comunicarse conmigo. Con gusto le atenderé.

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