Cinco poemas de George Reyes

George Reyes (Los Ríos, Ecuador) es poeta, ensayista, editor y educador teológico, teólogo escritor y presbítero ecuatoriano, residente en la Ciudad de México. Es licenciado y tiene dos maestrías en Teología, además de ser candidato PhD en Teología.

George Reyes ha publicado dos libros sobre hermenéutica bíblica y es coautor de dos libros de Teología. Sus ensayos teológicos han sido publicados en revistas especializadas y en sitios virtuales tales como Ensayistas Hispanoamericanos.

Sus dos poemarios son El azul de la tarde (Santiago de chile, Chile: Apostrophes Ediciones, 2015) y Ese otro exilio, esa otra patria (Santiago de Chile, Chile: Hebel Ediciones, 2016). George Reyes posee además varios poemarios inéditos y forma parte de la Antología de Poesía Mundial Poetas del siglo XXI.

 

CON SONRISA DEL ALMA

Se fue

despertando

con bostezo de ironía

al tic tac de un reloj

que de viejo se dormía…

 

Despierto yo…

y su mano

en mi hombro

me canta la canción

de esa frágil sonrisa

del alma

 

LO DIRÁ DE NUEVO

En el suspenso

se cuela la esperanza

de ese viejo amanecer tardío

que ha rayado en tu horizonte

Volverás hablar

en tu dolor

teñido de ese eterno azul

entonces volveré

a chorrear

la resina que encandila

la frente que se postra

empobrecida

 

ERES

Tú,…

libertad de antaño

en noche destrellada

que suspira por  el sol

sonriendo en una tarde de preguntas…

Tú,…

ojo

de horizontal mirada

que humedeces

tus ojeras

que empapa de azul

ese murmullo de mi geografía

al que solo tú

tienes acceso a su camino

 

EN LUZ DE PLATA

Te pillo sonriendo

en tu silencio terco

recluido en la recámara

del tiempo

donde duerme en luz de plata

ese sueño

sin arrugas

ni ojeras

Si el silencio

no es tu idioma

ha de hablarte todavía

en tu lengua de alborozo

 

EL SOLLOZO DEL OLVIDO

Has pintado

el perfil

de tu presencia

en un cuaderno

desgastado

en la pupila

de mis ojos

y rojo

de mi corazón

¡Qué presencia…!

Cansada está la espera

recostada en sofá de terciopelo

viendo que se marcha

en lontananza

en sollozos

el olvido

por la ruta

que le impide su  regreso:

el oído dulce tuyo

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