Cinco poemas de Montse Ordóñez

Montse Ordóñez (Barcelona, 1974) de formación autodidacta, en el año 2013 crea y dirige el proyecto cultural Cuban Rapsodhy donde aglutina varias disciplinas artísticas y literarias autóctonas de la cultura cubana. Colabora junto al fotógrafo David Pujadó en la edición de la Exposición “Fotografiant Gil de Biedma” que se realiza en la Biblioteca de Terrassa, Barcelona y que, posteriormente se expone en el Instituto Cervantes de Belgrado.

revista de poesia TEMBLOR Montse OrdóñezColabora en la edición y realiza el prólogo del libro de Ariel B. Acosta La balada de los suicidas publicado en Estados Unidos por Eriginal Books.

En 2014, colabora en la edición y prólogo del libro del poeta cubano Delfín Prats El esplendor de las palabras publicado en España por Ediciones Cumbres.

En 2015, presenta en el CCE de Miami, Estados Unidos, dos lineas editoriales Ediciones Cumbres y Ediciones Bagua.

En 2016, imparte un taller de poesía y narrativa en Barcelona e impulsa el proyecto de la Libroterapia.

Colaboradora habitual en Ediciones Cumbres y Editorial Huso. Colaboradora de la Revista cultural Verbo(des)nudo, editada en Chile.

Sus trabajos han sido publicados en revistas literarias de Estados Unidos, Chile y España.

En la actualidad, está involucrada en varios proyectos culturales en la ciudad de Barcelona. Próximamente colaborará en una exposición dedicada a Jaime Gil de Biedma que se celebrará en el Instituto Cervantes de Budapest.

A mediados de 2018, publicará su poemario La orilla de los nadie.

 

Padre

No le digas a mi padre
que por las noches
sigo teniendo miedo al timbre de la puerta.
No le digas a mi padre
que desde hace tres meses y veinte días
no sonrío.
No le digas a mi padre
que la oscuridad se ha hecho mañana
y el día hostilidad.
No le digas a mi padre
que en el amanecer de los domingos
soy incapaz de escuchar a los Beatles
No le digas a mi padre
que lloro
cuando escucho el sonido de sus gestos.
No le digas a mi padre
que está siendo complicado acostumbrarme
a vivir en su madrugada.
No le digas a mi padre
que el mundo anda repleto de miedo
y que yo
muero de el.
No le digas a mi padre
que los que quedaban
se fueron lentamente.
No le digas a mi padre
que no me acostumbro a pasear
por las calles en las que aprendí a vivir de su mano.
No le digas a mi padre
que no me atrevo a observar las imágenes de la infancia
en las que nuestros rostros desprendían
la esperanza del mundo.
No le digas a mi padre
que vivo refugiada
en la biografía del silencio.

 

Cuando le veas
solo dile que quiero que amanezca en esa madrugada
en la que vive
que en su memoria aún queda esperanza
para no olvidar
que nací un veintisiete de abril de hace ahora algunos años.

 

Opulencia

Desde la ventaja que brinda un rincón de jardín,
observo la construcción de la opulencia venida a menos
el deterioro, al igual que la belleza,
amaga historias de vidas tristes
cuarteadas, mal nutridas, irreverentes, impías, soberbias.
Un sinfín de ellas parten de mi imaginario
las mínimas son las visibles.
Cinco arboles, un pozo seco, mucha hojarasca
ropa que esconde la blancura de otros tiempos.
La vida campa en vertiginoso declive
Pero que bien luce aún
la huella de lo que importa.

 

Remedios para un mundo

Urge pisotear la vanidad que nos envuelve
ampliar la mirada de los impíos
saltar muros de incomprensión y romper ventanas de incorporeidad
huir de lo global y habitar en lo parcial
exterminar a los que por su boca nos arrastran a los exilios
borrar los exterminios, también
hablar con los hijos y explicarles que los arboles se mueven
detenerse ante el mar y caminar por las orillas de los ríos
buscar al otro para llenarle de abrazos de equidad
recuperar al nosotros, también
borrar de los mapas al que no sonríe y apalea
recuperar las sabanas blancas y los paseos al alba
trazar rumbos de sanidad con las palabras
restar hambruna moral y sumar conocimiento latente
embelesarse de la lluvia y cegar a la catástrofe
atemperar la razón y depositar en los desiertos la inconsciencia de los soberbios
recobrar significado y hacer ley de lo sentido
verter de caminos la esperanza de los hombres
ser valientes y afrontar la diversidad como rumbo
escuchar la música que alberga nuestros órganos
hacerse de trincheras de globos para recuperar la ilusión del vosotros

Si con esto no sirve
tendremos que saltar a otro mundo
o mudarnos al otro barrio

 

La orilla de los nadie

 

El mundo no te regalará nada, créeme.

Si quieres tener una vida, róbala

Lou André Salomé

                                                                                                                                                              Con la precariedad de los tiempos
uno juega
y se sostiene
pliegues, bifurcaciones, encrucijadas, tizne, proceso.
Nadie sabe donde se esconde el olor de los jazmines secos
posiblemente lo encontremos en el rincón de los miedos
en la esquina deshabitada de los que huyen en busca de pan.
La decrepitud de los silencios hace estragos en las almas de los que lloran
Las balsas liberan peso y ruge el mar
cuando mengua
las olas los engullen
Los tiempos juegan de nuevo con la sinrazón de los que quedan
y lloran
sin consuelo,
temblando de frío y miedo.
Y nosotros quedamos atónitos e impávidos
al rugido
de la desesperanza
y los gritos.

 

Errantes

Bienaventurados los que llegaron un día y se fueron sin un adiós,
los que por boca ajena te detestan y te olvidan,
los enemigos que no supieron abandonar ni la etiqueta ni la condición,
los que juegan con el sentir y la palabra del escriba,
los que aún creen que la condición humana no es fiel reflejo del espejo virtual.
En busca de lo que los caminos esconden
se recogen los mapas y las brújulas
y sin rumbo
uno sigue
y se va
ligero de equipaje como Bowie
Words are flowing out like endless rain…

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