Cuatro poemas, más un inédito y la poética de Amalia Bautista

La Revista TEMBLOR tiene el placer de presentar en su web una pequeña selección de poemas de Amalia Bautista. También se incluye su “ultimísima” poética. Todo esto, junto a una crónica del encuentro que mantuvimos con la poeta madrileña, puede encontrarse íntegramente en el quinto número publicado hace pocas semanas. Sin más dilación, lean y disfruten.

 

POÉTICA

Escribir poéticas siempre es un ejercicio ingrato y arriesgado, porque resulta muy fácil formular opiniones pretenciosas sobre la propia obra o demostrar sin ningún pudor cómo nuestra voluntad fracasa frente a nuestra capacidad. En poesía, como en cualquier otra actividad, no todo vale y no todos valen, y hay que mantener el listón de exigencia muy alto, más alto para lo propio que para lo ajeno. Es importante decir cosas, no sólo palabras, y que esas palabras tengan música, aunque huyendo del soniquete de los versificadores. Escribir poesía no es una tarea grata. Siempre hay un trecho, muchas veces un abismo, entre el poema que querríamos hacer y el que finalmente hacemos. Hay que luchar contra la dificultad y contra la facilidad, y es mucho más complicado hacer un poema al que no le sobre nada que un poema al que nada le falte.

Amalia Bautista Revista de poesía TEMBLOR 1

 

POEMAS

“Africanas” (Inédito)

La luna está africana y yo también.
Esta noche se ha puesto
del color de las lámparas
de cuero de camello.
Yo, ajorca en el tobillo,
sudor en el escote,
tambores en las sienes.

 

“¿Qué haces aquí?” (De Cuéntamelo otra vez, 1999)

Creía que te había dicho adiós,
un adiós contundente, al acostarme,
cuando pude por fin cerrar los ojos
y olvidarme de ti y de tus argucias
de tu insistencia, de tu mala baba,
de tu capacidad para anularme.
Creía que te había dicho adiós
del todo y para siempre, y me despierto
y te encuentro de nuevo junto a mí,
dentro de mí, abarcándome, a mi vera,
invadiéndome, ahogándome, delante
de mis ojos, enfrente de mi vida,
debajo de mi sombra, en mis entrañas,
en cada pulso de mi sangre, entrando
por mi nariz cuando respiro, viendo
por mis pupilas, arrojando fuego
en las palabras que mi boca dice.
Y ahora, ¿qué hago yo?, ¿cómo podría
desterrarte de mí o acostumbrarme
a convivir contigo? Empezaremos
por demostrar modales impecables.
Buenos días, tristeza.”


“Siempre creí que solo las palabras” (Hilos de Seda, 2003)

Siempre creí que solo las palabras
salían de mi boca, y que eran ellas
las que lograban aplazar mi muerte.
Hoy sé que de mi boca sale un hilo,
transparente y tenaz como un insomnio,
que te ha atado a mi vida para siempre.

 

“Luz del mediodía” (Estoy ausente, 2004)

Ni tu nombre ni el mío son gran cosa,
sólo unas cuantas letras, un dibujo
si los vemos escritos, un sonido
si alguien pronuncia juntas esas letras.

Por eso no comprendo muy bien lo que me pasa,
por qué tiemblo o me asombro,
por qué sonrío o me impaciento,
por qué hago tonterías o me pongo tan triste
Si me salen al paso las letras de tu nombre.

Ni siquiera es preciso que te nombren a ti,
siempre nombran la luz del mediodía,
la fruta, el paraíso
antes de la expulsión.

 

“Vísperas I” (Falsa pimienta, 2013)

La Ciudad del Ombligo de la Luna
me espera con los brazos abiertos como un pájaro
que tampoco esta vez alzará el vuelo.
Malheridas quizá, plomo en el alma,
sangre en los ojos y en las plumas barro,
el ave y la ciudad quedarán juntas
cuando yo emprenda el vuelo de regreso.
Mi piel volverá a casa, y todos los colores
que eran la vida no serán capaces
de maquillar el plomo ni la sangre ni el barro
que eternamente cargaré conmigo.

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