Dos poemas y dos inéditos de María Domínguez del Castillo

El valor de María Domínguez del Castillo no reside en ser de la quinta del 97, ni en ser sevillana, sino en la capacidad de rehuir el corsé de las poéticas mediante versos dispuestos de forma concienzudamente desordenada, que se retuercen y esparcen por toda la página. Estudia Literaturas Comparadas en Granada y el año 2017 fue muy prolífico: publicó Presente y el mar (Esdrújula Ediciones) y Pero el tiempo (Ediciones en Huida).

Puedes leer la entrevista que TEMBLOR poesía le hizo con motivo del tercer número aquí.

María Domínguez del Castillo | Revista de poesía TEMBLOR

 

ANTIPOÉTICA

Hubo quienes renegaron de la poesía pura, la única que pudieron concebir durante años; quienes reivindicaron lo humano, el genio frente al ingenio. Hubo quienes arremetían contra otros por no estar lo suficientemente comprometidos. Hay quienes solo aceptan la verdad de la experiencia, quienes solo creen en la verdad de la ficción, o en la ficción de la palabra, quienes se ríen de la palabra Verdad. Quienes desprecian lo viejo o quienes desprecian lo nuevo desde la autoridad de la cana. Hay quienes escupen a la poesía que nace del dolor y quienes condenan el esnobismo de la insensibilidad.
Por qué he de escribir una poética, es decir un manifiesto, es decir lo único que impide al poema ser.

 

ANTIPOÉTICA PARA EL SIGLO XXI

Lo que prosiguió a la caída
finisecular
fue una tierra llena de cadáveres de plantas
una cama de hojas secas que empezaban a quebrarse bajo los dedos
las semillas de ambos sexos el abono más hermoso

Pero el terrible temor

de que los ojos del mundo habían contemplado ya
todas las especies
de que los labios del mundo habían sentido
el aroma de todas las flores

Y la terrible certeza

de que los padres del siglo habían creado ya
con las hojas de los muertos
las flores nuevas.

(Inédito)

 

TEXTURAS Y EL SILENCIO

Y el amor por las texturas, por las
texturas del viaje,

del trayecto,

la textura de los campos,

los campos verdes,
los olivos,

la tierra seca,

las piedras que se deshacen, el polvo, el árido sur.
El óxido de las vallas vendando los cementerios,
la fugacidad de las nubes,
las curvas de las nubes empujadas por la luz.
La intangibilidad del vuelo de las palomas,

del vuelo geométrico de las aves,

las hojas redondas y las afiladas
y el cabello de un anciano que pasea entre los olivos,
y la nieve que agoniza, aún, en las cumbres templadas
o las alas de un avión que desgarra el cielo.

Dime, y las texturas, quién las llama

quién las llama, quién

las nombra,

quién es capaz de evocarlas.

(NADIE NADIE NADIE)

Y las texturas, quién.

Las texturas pertenecen al mundo del silencio.

(Presente y el mar, 2017)

 

Ha de colocarse un pie precisamente frente al otro
obedecer escrupulosamente a la política de las líneas
conformarse con la luz de las farolas soportar la sombra del acero

entre los canales

por donde escapa el aire,

de un espacio a otro,

buscando unos pulmones

Viento te cortas en las

esquinas

en cada ventana en cada

ángulo de cristal

Han de aplicarse tres gotas de colirio en cada ojo
retirarse cuidadosamente el polvo la ceniza
cada cinco minutos
Dónde está la cal de las paredes
La fuente el adoquín el azahar

El rayo herido por la torre
Shard of Glass qué hiciste del rayo lo ocultaste con tus luces
En los márgenes del río muere una rata
cada vez que aterriza un turista.
Sol dorado cubierto de andamios Big Ben órbita letal
First a warning llama al hombre then the hour irrevocable
se acumula en la ribera un manillar de bicicleta condones colillas jeringas usadas
En Trafalgar Square se han lanzado las naranjas amargas contra los semáforos
Ahora indican Alerta Alerta Alerta un charco en el suelo no es sueño la vida
Una ardilla aplastada contra el asfalto tirita de frío las palomas

tienen muñones en las patas de tanto tropezar con los alambres y los cristales rotos
El río abre la boca y dice voy a dejar de ser y dice
lo dijo Stephen Hawkins hace no sé cuánto hace
el hombre blanco con su enjambre alzará los pies separará sus manos de la tierra

pisará otra tierra

que llenará también de manillares condones colillas jeringas usadas

pisará otra tierra

A través de su ojo que gira y gira
Londres no verá la resurrección de las mariposas disecadas
de los ojos amarillos de las vacas

En el lado del sol y del mar
el barrio de azahar y jacaranda
dormirá bajo las aguas.

(Inédito)

DE LA TIERRA

Hoy las sirenas han amanecido chillando

con no sé qué insectos en la garganta
con no sé qué serpientes en el cuello
con no sé qué escorpiones en los ojos

y la aspereza de un café demasiado fuerte

pero con sus cabellos cortados.

Hoy las ventanas han amanecido de nuevo
sin un mar
que nos calme y nos alivie de la prematura consciencia
con que fuimos bautizados unos pocos

de que nada es y nada vale y nada
(de que nadie es y nadie vive y nadie)

sin un mar
que nos cante y nos recite dulcemente, sereno,
las palabras atroces del tiempo.

Las aguas de los bajantes

extienden como una plaga

sus toses por la pared.

Nadie pintó las puertas con sangre de cordero.
Nadie.

(Sin un mar)

Si hay (algo),

hay un centenar de antenas
invocadas hacia el cielo, sujetando
los alientos de las fábricas

hay varios enjambres de viviendas

en que nadie vive. Habitaciones
en que nadie habita. Cuartos
cuarteados que cuartean
nuestras voces, nuestros días.

Pero existe también un jardín
vallado, donde el asfalto
va tiñendo de negro
las flores nuevas.

(Presente y el mar, 2017)

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