Yo hago versos, señores

Este tercer TEMBLOR brota de una pregunta: ¿es realmente necesario hacer un número dedicado en exclusiva a las mujeres? Una cuestión parecida se planteó Noni Benegas a la hora de realizar su antología Ellas tienen la palabra . Tras el éxito que tuvo otra recopilación, Las diosas blancas, parecía que el ámbito poético había cambiado y que las mujeres habían conseguido asentarse en él. Sin embargo, un vistazo a las antologías que se publicaron en esos años, así como a los premios literarios, demostró que las mujeres siguen ausentes; y no porque sean el sexo menos talentoso, sino porque son invisibles. Si nos situamos en la actualidad, la revista Playground, a través de la campaña «#ÚLTIMAHORA contra el machismo literario» lleva desde octubre del año pasado reuniendo noticias sobre desigualdades producidas en el mundo editorial. Un buen ejemplo se halla en el acto de inauguración de la última edición del Festival Eñe. Este fue conducido por Marías, Reverte, Jacinto Antón y Agustín Díaz Yanes. «La gran fiesta de la literatura» prefirió incluir en la presentación del evento a un director de cine antes que a escritoras como María Dueñas, Amalia Bautista, Angélica Lidell… Son los nombres de algunas destacadas autoras que podrían haber participado, pero la justificación que dio Antonio Lucas, el director literario de este 2017, fue que con las mujeres hubo problemas de agenda. Claro, es que desde que nos hemos empoderado, no nos dan un respiro.

Ilustración Revista de poesía TEMBLOR 3A la hora de afrontar la poesía escrita por mujeres siempre se tiene una insidiosa tendencia a calificarla de ‘poesía femenina’, como si hubiera sido escrita por una especie distinta. Así, nos encontramos con antologías, concursos, certámenes poéticos y encuentros que llevan el adjetivo indicativo del sexo. ¿Por qué se hace esto? ¿Es tal la indefensión de la mujer que necesita delimitar su ámbito de acción y creación? ¿O es una especie de advertencia al lector o al asistente: «¡Cuidado! ¡Aquí hay mujeres!»?

A lo largo de las últimas décadas, las mujeres han aportado una serie de temas —como la identidad femenina, la representación del propio cuerpo, el sexo, la menstruación, el rechazo a la maternidad o la propia maternidad— y renovaciones estilísticas —en el caso de Blanca Andreu y Ana Rossetti, a la poesía lírico-biográfica, así como al movimiento del Yo y el juego de identidades, si hablamos de Concha García— que han dado lugar a situaciones inéditas en la lírica. Esto obliga a revisar el canon, porque, como apunta Noni Benegas, «el conflicto no es cómo hacer visible lo invisible, sino cómo crear las condiciones de visibilidad para otros sujetos sociales diferentes».

A pesar del siglo en el que vivimos y de estar presentes en la academia y la empresa, seguimos encontrando numerosos obstáculos para poder demostrar nuestro talento. El camino al éxito es igual de tortuoso que el de Ulises, al que llaman Nadie en la cueva del cíclope Polifemo. Ahora otros cíclopes utilizan ‘feminista’ con una tremenda connotación negativa, ignorando completamente cuál es su verdadero significado, reacios a la participación de la mujer en los círculos artísticos. Únicamente pedimos valorar un texto por su calidad literaria.

Y aun así, aquí estamos. La fortaleza de la mujer no es una invención del feminismo. Desde que Enheduanna inscribiera sus versos en el alabastro hasta hoy, alzamos y defendemos el espacio de nuestra voz. Este no es un número de poesía femenina, es un número de poesía hecha por mujeres. En él reclamamos notoriedad y visibilidad, y con él, brindamos a nuevas voces, ávidas de dejarse sentir, la oportunidad de afirmar con rotundidad, como ya lo hizo Gloria Fuertes: «Yo hago versos, señores».

El equipo de TEMBLOR

 

*Ilustración de Eva Carballeira

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