Hemos quedado con Amanda Gorman en la Librería Juan Rulfo. Es principio de mayo, y en solo unos pocos días termina su estancia en Madrid. Nos sorprende que lo primero que diga sea que se siente nerviosa. ¿Nerviosa? Apenas tiene veintiún años y ya es una figura en ascenso de la cultura norteamericana. Su perfil de Instagram da cuenta de ello. Allí posa junto a personalidades de todo tipo: políticas como Hillary Clinton y Michelle Obama, o actores como Morgan Freeman y Cara Delevigne. Medios como el New York Times y la Rolling Stone se hacen eco de sus triunfos, y las revistas de moda hacen cola para fotografiarla.

Está acostumbrada a los focos y al clamor de los aplausos, pero no permitamos que esto nos lleve a error. Amanda no pierde de vista su vocación de poeta, ni se olvida de aquella fuerte necesidad de transmitir el mensaje de justicia que la trajo a la escritura y, dicho sea de paso, al activismo. Como ella misma afirma: «Todo es político».

Nos hemos acomodado en la planta de arriba de la librería. Es un espacio diáfano en el que suelen celebrarse presentaciones de libros. Al preparar la entrevista, le proponemos hacerla en inglés para que pueda expresarse con más soltura, pero Amanda enseguida responde que no y sonríe: está orgullosa de su nivel y quiere intentar hacerla íntegramente en castellano.

Amanda Gorman Entrevista Madrid
Fotografía de @asencionavarro

La primera pregunta es inevitable: ¿qué ha hecho estos seis meses en España? «Siempre había querido aprender español, sobre todo porque soy de Los Ángeles y allí la influencia española está por todas partes: en el nombre de la ciudad, en las calles, en las personas que la habitan… Muchas de mis influencias poéticas proceden de la cultura afroamericana, pero también de la española y la hispanoamericana, como Lorca o Juan Felipe Herrera», nos dice. Precisamente, Herrera fue el primer hispano nombrado poeta laureado por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos; y no es extraño encontrar en sus versos en inglés guiños a la lengua de Cervantes.

No obstante, la preferencia de Amanda por Madrid antes que por cualquier otro lugar de habla hispana hay que achacársela a Tracy K. Smith, poeta americana y ganadora del premio Pulitzer, que también pasó un tiempo en nuestro país. «Cuando me enteré, dije: necesito estudiar español, necesito vivir en España». Y parece que su experiencia aquí ha reforzado esa opinión. «Para mí, la poesía en Madrid o en España es un paraíso», apunta. La comparación con Estados Unidos es inevitable; pero lo que nos cuenta de su país no es muy alentador. En Los Ángeles, dice, hay un gran número de poetas, pero sin centros de reunión o núcleos culturales delimitados. «También hay lugares, como algunas zonas de Nueva York, con espacios en los que la poesía parece no existir. No hay jams ni muchas bibliotecas», se lamenta. «Creo que parte de mi trabajo también es acortar la distancia entre los distintos centros culturales».

Amanda Gorman poemas en castellano

Al preguntarle por el origen de su vocación literaria, se toma unos segundos antes de responder. Lo hace con una anécdota muy reveladora: «Recuerdo un momento muy preciso en tercer grado. Mi maestra estaba leyendo en clase un poema de Raymond Carver y cuando terminó, yo solo podía pensar “¡Dios mío!”. Creo que fue en ese instante cuando supe que necesitaba convertirme en escritora». El amor por las letras le viene de familia. Su madre, Joan, es profesora de inglés en un colegio y comparte con su hija una verdadera pasión por la literatura y la cultura. Sin embargo, cuando supo que su hija quería ser escritora, su reacción no fue muy entusiasta: «La peor pesadilla para mi madre», bromea Amanda. «Me decía: “Mi niña va a ser pobre, no tendrá casa y nadie querrá casarse con ella”. Mi madre sabía que la vida del escritor es muy dura y que el camino iba a ser muy difícil».

Hablamos entonces de su forma de crear, de sus fuentes de inspiración y su trabajo. La poesía no sale de la nada: «No es como si me cayera una manzana en la cabeza y, ¡pum!, un poema», aclara. En su caso, el proceso incluye largas sesiones de documentación. A partir de información recopilada en distintos archivos, hemerotecas y libros de historia crea una nube de palabras y de ideas.

Amanda Gorman poems

Después viene el ritmo, la música y la proyección performática: «Cuando escribo, paso mucho tiempo pensando en cómo voy a representar las palabras, es decir, en cómo va a ser la… Oh, woman, I’m forgetting everything —se lamenta divertida mientras intenta recordar la palabra en castellano— ¿’actuación’, ‘representación’? Le aseguramos que ‘performance’ está completamente asimilada en nuestro idioma. Prosigue de nuevo en castellano: «Con el tiempo, he desarrollado un sentido del sonido de las palabras, porque para mí recitar es, en cierto modo, el gran placer de la poesía. Me gusta el espacio en blanco del papel, pero me gusta aún más cuando puedo conectar con un público». Asentimos.

En internet la hemos visto recitar en actos tan destacados como la celebración inaugural de la Biblioteca del Congreso de Washington o en la investidura del vigesimonoveno presidente de la Universidad de Harvard, Lawrence S. Bacow.

No es lo mismo recitar delante de un público tan grande y diverso, como puede ser el de alguno de estos eventos, que hacerlo en un ambiente reducido o más underground. El primero no acude a escuchar poesía y Amanda lo sabe. Su primer objetivo, entonces, es «convencer a esas personas del poder de la palabra». Según nos cuenta, lo ha logrado más de una vez. «La semana pasada recibí un mensaje de un hombre blanco, mayor y de Montana, que es un estado muy rural de Estados Unidos, donde me contaba que siempre había odiado la poesía pero que, después de haber escuchado mis poemas, quería aprender más sobre ella». Este tipo de anécdotas y de confesiones son las que tiene en mente cuando escribe un poema pensado para ser leído ante grandes audiencias, porque sabe que la mayoría de esas personas ha tenido un acercamiento muy limitado a la poesía. «Tengo un trabajo muy difícil pero muy satisfactorio», dice con una sonrisa. «Ellos me ven como una niña joven y linda; pero en el fondo, mi deber es descubrirles la poesía».

Al hilo de esto es inevitable que aparezca el tema de la utilidad de la poesía. Cuando le preguntamos su opinión, Amanda no se lo piensa: «¡Sirve para todo!». Su entusiasmo es tajante. «Para mí la poesía tiene una utilidad muy política, creo es un instrumento de la gente. No es solo para las élites: cualquier persona puede tener voz. Muchas veces la discriminación y la opresión comienzan con la palabra. A veces me dicen: “Necesito un poema de Amanda Gorman, pero no puede ser político”. Me resulta imposible: todo arte es un instrumento; a partir de ahí, es nuestra decisión escoger qué política apoyamos».

Su estancia en Madrid le ha servido para escribir sus primeros poemas en español. «Si buscas en mi cuaderno descubres que mis poemas están en los dos idiomas, porque normalmente estoy pensando en el sonido en español, pero en mi cabeza tengo la palabra en inglés». Su proceso de escritura, como era de esperar, ha sido complicado: «Si solo pienso en inglés, el poema no va a tener el mismo resultado que si lo hago con el español en mente. La aliteración, que es algo que me encanta y uso mucho, es un recurso muy distinto en los dos idiomas. Por ejemplo, si en inglés escribo: “The sheeps by the sea”, en español pierde la sonoridad: “Las ovejas por el mar”. Para escribir en otro idioma necesitas tener una doble conciencia».

Nos da un dato más sobre su relación con el castellano, que nos pilla desprevenidos: «Tengo una relación complicada con Disney», nos confiesa. Será una poeta premiada, pero eso no le libra de las contradicciones. «Cuando escucho las traducciones de las canciones de Disney al español, si están bien hechas, llego incluso a emocionarme. Me parece increíble. Creo profundamente en la habilidad de las palabras para establecer conexiones entre culturas y entre lenguas, a través de historias y de cuentos; por eso tengo la ambición de dominar, no solo mi propia lengua, sino también cualquier otra, de forma que pueda crear y explorar estas conexiones».

Amanda Gorman Madrid TEMBLOR

Amanda nos habla de los temas recurrentes en su poesía: del ambiente doméstico, de sus referentes femeninos, de la naturaleza… pero siempre desde la distancia que impone un yo poético despersonalizado. «Me he dado cuenta de que no solía hablar de mí misma en mis poemas, y anteponía palabras como ‘nosotros’, ‘ustedes’, ‘hombres’, ‘mujeres’… Esas palabras tan abstractas. Ahora estoy aprendiendo a incluirme a mí misma en ellos». Sin embargo, cuando le pedimos que destaque algo de su poética, lo tiene claro: «Me encanta usar la sinestesia todo el tiempo. Es la mayor ambición de mi poesía: quiero que el lector vea el mundo de una forma nueva; y mucha de esta transformación se consigue al mezclar sentimientos y sensaciones. Por ejemplo, si consigo hacerte ver el verde o el negro de una manera novedosa, si consigo que lo asocies con aspectos distintos, entonces te estoy mostrando una nueva perspectiva».

La naturaleza, el mundo exterior piden paso en sus versos, como si la curiosidad infantil todavía persistiese. La constante renovación del mundo es la que subyace en muchos de sus versos: «Cada día, cada semana, cada momento, intento admirar el mundo con una luz nueva». Y nos regala un ejemplo: «Si ves una vaca, no hay que limitarse a exclamar: “¡Es una vaca!” ¿Cuántas metáforas existen sobre vacas? ¿Cuántas más pueden crearse? Todavía hay muchas que necesitamos descubrir».

Terminamos hablando de la concesión del primer premio Youth Poet Laureate, que se le otorgó en 2014. Sin duda, le ha proporcionado una plataforma privilegiada desde la que hablar y eso ha influido sobre los límites de su poesía y la impresión que estos pueden causar: las barreras han sido dinamitadas. «La pregunta no es qué puede hacer un poema, sino cómo puedo usar este poema para cambiar el mundo. Mi escritura es la misma, pero ahora es también un instrumento de cambio, no solo de placer».

Amanda Gorman Revista de poesía TEMBLOR


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