Cómo los padres influyen a sus hijos: ‘Entre ellos’ (2018) de Richard Ford

«La vida más verdadera, por supuesto, es siempre la vida que se vive» escribe Richard Ford en Entre ellos (Anagrama, 2018), su último libro. Esta novela, de corte biográfico, es un homenaje a sus padres, Parker y Edna.

Ford es un referente indiscutible de la literatura actual. Sin embargo, yo no había leído nada de este autor, considerado por Raymond Carver como «el mejor escritor en activo de Estados Unidos». Si decidí acercarme a su obra fue por la recomendación de uno de mis músicos favoritos, Vance Joy, que acaba de publicar nuevo disco, Nation of two. En una entrevista declaró que la idea del título había sido inspirada por la novela de Ford, Between them (2017). Tras una rápida búsqueda, encontré que Anagrama acababa de publicar su traducción al español. Lo demás, como suele decirse, es historia.

Al ser una obra sobre sus padres, Entre ellos está dividida en dos partes, cada una dedicada a uno de los progenitores. Las páginas relativas a Edna, la madre, ya habían sido publicadas en 1986 de forma autónoma, como una despedida tras su muerte ese mismo año. Sin embargo, las relativas a Parker, su padre, son recientes e inéditas. Por lo tanto, ambos textos se encuentran separados por más de treinta años.

La belleza del libro de Ford reside en la profunda reflexión que lleva a cabo a la hora de hablar de sus padres. No habla de ellos desde su perspectiva de hijo, sino desde la de autor distante (en la medida de lo posible) y su historia no comienza con el nacimiento del propio Ford, sino que es una historia desordenada, como son los recuerdos que plasma, con saltos en el tiempo, pero perfectamente hilados.

La obra comienza con la parte relativa a su padre, Parker, cuya muerte prematura, cuando el escritor tenía 16 años, hace que la retrospectiva sea aún más intensa y emotiva, debido a que sus recuerdos son más difusos. A esto hay que añadirle el hecho de que era comercial de almidón para lavadoras, por lo que solo pasaba los fines de semana en casa con su esposa y su hijo. El resto de los días viajaba por diferentes estados. Esto hace que la relación padre-hijo pueda parecer algo distante, pero Ford lo desmiente en su descripción. «Si tuviera que aventurar una hipótesis diría que gracias al hecho de ser su hijo hoy soy capaz de reconocer que la vida es corta y tiene imperfecciones, que, para ser aceptable, además, requiere tanto evitaciones cruciales como provisión de contenidos. Casi todo desaparece, salvo el amor.», escribe el autor.

A pesar del tremendo esfuerzo de Ford por reconstruir la vida de sus padres y bucear en su otredad, hay datos que se le escapan: no sabe cómo ni cuándo se conocieron ni gran parte de la vida que llevaron antes de que él naciera, aunque si tiene ciertas nociones. Precisamente, la descripción de la vida que llevaban Edna y Parker antes del nacimiento de Richard, cuando ya llevaban casados más de diez años, es uno de los aspectos más interesantes del libro.

Edna acompañaba a su marido en todos los viajes de trabajo, por lo que se pasaban la vida en la carretera, viviendo en hoteles, comiendo en restaurantes y conociendo a muchas, muchísimas personas. Es también esta situación la que llamó la atención de Vance Joy: cómo dos personas construyen un mundo propio, un mundo itinerante afianzado en el amor, hasta llegar a reconocerse como iguales. Se hacen indispensables el uno para el otro: «Durante todo ese tiempo desearon tener hijos. Era lo normal» nos cuenta el autor, «Pero sencillamente no los tenían. No sabían muy bien por qué. Y ello los mantenía más unidos, como si se hubieran aislado tanto del pasado como del futuro. […] El pasado, para ellos, no era un lugar muy acogedor. En cuanto al futuro y a la intimidad, los dos eran su felicidad mutua.» Y más adelante, el escritor concluye: «Querían tenerme; pero no me necesitaban. Juntos —aunque quizá sólo juntos— formaban un todo.» Su nacimiento, como era de esperar, cambia su forma de vida: Edna se queda en casa y Parker sigue viajando.

Tras la muerte del padre, Richard y Edna se quedan solos. Su ausencia los va a marcar a ambos de formas distintas. Al quedarse sin su compañero, sin el otro integrante de su nación, Edna «como no era muy diestra para la vida sin él, como no había tenido ninguna buena vida sin él, perdió en gran medida el interés en la vida misma.» De esta forma se establece una relación entre ellos como iguales que va a marcar su forma de entenderse.

A pesar de que Ford reconstruye la historia de sus padres, desde su infancia hasta su muerte, hay muy poco de su propia biografía, salvo los detalles esenciales que le situaban en momentos y en lugares precisos. Esta novela es un auténtico homenaje a las personas que fueron sus padres, no tanto como sus progenitores, sino como dos personas que tuvieron una infancia complicada, que se encontraron y se amaron, que formaron una familia y consiguieron sobrevivir.

Un detalle especial es que el libro cuenta con varias fotos de la infancia del autor, de sus padres, de sus abuelos maternos… Lo que podría considerarse como un asalto a la intimidad familiar de los Ford, es más bien una invitación a poner cara a los recuerdos y ver cómo evolucionan. Hay un cierto juego de confianza en el hecho de incluir las imágenes. El lector no es un observador externo y objetivo, sino que es pleno partícipe del viaje por la memoria de Edna y Parker Ford.

En su planteamiento, Entre ellos me ha recordado en cierta forma a las Aventuras y desventuras del Chico Centella (RBA, 2011), novela autobiográfica del también escritor americano Bill Bryson. Durante este paseo por los recuerdos infantiles es inevitable que se entremezclen algunos episodios destacados de la historia estadounidense, aunque en este segundo libro su presencia es mucho más evidente. En Entre ellos, la actualidad del momento está siempre como telón de fondo: los años de la depresión; la progresiva recuperación económica; el modo de vida americano, con sus casas con jardín en pequeñas comunidades en las que tan difícil es integrarse, etc.

El tono de ambas novelas es también distinto: mientras que en la de Bryson es irónico y tremendamente divertido, el de Ford es más profundo y reflexivo, no carente de esa ternura que siempre despiertan los episodios pasados y felices que constituyen la construcción de la identidad… Y que son evocados, años después, como cruciales.

«Los padres —por encerrados que estemos en nuestras vidas—nos conectan íntimamente con algo que no somos, y forjan una “ajenidad unida” y un misterio provechoso, de tal suerte que, aun estando con ellos, estamos solos» escribe Ford. El valor de las reflexiones que se desprenden de Entre ellos reside en que, a pesar de las concretas circunstancias que rodearon la vida de Edna y Parker Ford, son perfectamente aplicables a las que podamos hacer sobre nuestros padres, o que quizás, algún día, puedan hacerse nuestros hijos sobre nosotros. Por todo ello, este libro es un viaje fascinante.

Marina Patrón Sánchez

Estudié Periodismo y Derecho en la URJC, pero la Literatura y un Máster en la UCM salvaron mi vida. Ahora estoy pensando qué hacer con ella.

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