Poéticas femeninas: la voz de Chantal Maillard

Esta antología poética de TEMBLOR pone su mirada esta vez en la escritura femenina, por lo que aprovecho la ocasión para referirme a un poemario que dibuja un cuadro abstracto mediante la voz femenina. En un movimiento continuo de equilibrista en el aire se ahonda en la metapoesía, lo trascendente de la palabra misma. Se trata de La herida en la lengua, poemario de Chantal Maillard publicado en 2015.

Desde el título se nos revela el símbolo leitmotiv de la obra. Por un lado la lengua, relacionada con el habla, que también nos recuerda a la ingestión, como si la palabra, una hoja de doble filo, en sí tuviera la capacidad de creación y de destrucción. Por otro lado la herida se puede entender como condición intrínseca de la lengua o como elemento externo a ella, de modo que se le atribuiría una capacidad curativa.

Como vemos en la primera parte, la palabra está «presa / en la escritura. Libre / sólo / para el destello». Esto se basa en una poética de ruptura del concepto, como Chantal Maillard explica en su conferencia «La creación» [1]. La poeta propone varias formas de escribir a través de un bestiario simbólico: la poética del erizo en relación con Derrida, que parte de una realidad exterior, la poética de la araña, que construye la realidad como un arquitecto, desde el idealismo romántico y, por último, —este es el que más nos interesa— la poética del caracol, que simboliza la realidad inestable, sólo referida a través de la trayectoria, de la noción de ritmo y de la resonancia. Esta tercera definición equivale a nuestro poemario, como vemos en uno de los poemas de «El desgarro»: «adicta al roce / de los actos/ —su trayecto— / el / hilo de saliva al / encuentro del viento». Este roce nos lleva a la relación que se establece entre el tiempo del movimiento y la atención del sujeto, pues el tiempo es, en palabras de Maillard, «una forma de nombrar la atención», que hace que el tiempo se dilate. De ahí que desde esta atención surja el gesto y, con él, el aprendizaje del ritmo del Otro [2].

El espacio entre dos sujetos, acciones, palabras o sonidos deviene existencial para comprender la posición de la poeta-funambulista, «al acecho. Entre las cuerdas». Este lugar intermedio —«entre una imagen mental y / otra imagen mental»— es el que se necesita para el distanciamiento del texto y para la reflexión sobre la propia palabra. Esta actitud filológica se acentúa mediante recursos como la fragmentación del discurso lineal con encabalgamientos, reticencia —un final en «hasta que»— e incluso de la propia palabra: «atr / ófico». Esta disección de la palabra se configura a través del juego con el espacio en blanco y la disposición gráfica de la palabra, como vemos en la poesía de Mallarmé en Un golpe de dados. Además, podemos establecer una conexión entre estos espacios en blanco —el silencio— y las composiciones de John Cage, quien abre una reflexión sobre la (in-)existencia del silencio. Así, en la obra musical 4’33 plantea la presencia en la ausencia [3], la reflexión en torno al vacío, lo cual resulta revelador a la luz de los versos de Maillard. También sería interesante mencionar dos movimientos recurrentes en la obra: el de descenso —descensus ad inferos— de caída vertical y el movimiento circular de regreso «hacia el origen», hacia el centro.

Otro rasgo digno de mencionar es la ausencia de un Yo lírico, el sujeto se desvanece y el acto deviene individual y colectivo al mismo tiempo, ya que «para el existir en el devenir, es preciso carecer de identidad, no ser idéntico, no ser concepto» [4]. El Yo no es más que «el peso de su historia / La inercia que conduce / siempre / al mismo punto. / La creencia en el punto», es decir, el Mí se construye y es dinámico. El acto poético se realiza dentro de una dimensión dialógica en el sentido Bajtin [5], a través del imperativo,
del cual se espera una reacción —«¡Salta!»— y de la polifonía de voces: «Abrázame le digo dice / ella».

Es de vital importancia el grado de concreción de las imágenes evocadas desde el principio, siempre con un artículo definido: no se trata de describir la idea de algo, sino el objeto en un instante concreto, palpable y cercano, vivo. Es por esta razón por la cual encontramos «la cuerda», «el muro», «los dedos», «la nuez». Dentro de esta definición de los objetos, destaca «el viejo toldo desgarrado», más real y corpóreo que «una mujer anciana que lo remienda», casi en la sombra, convertida en una idea. Se distingue de este modo la realidad del concepto, el animal de su idea o abstracción de lo cual Maillard, en la «búsqueda de un decir no conceptual» [6], intenta liberarse.

La problemática que se plantea es diversa; la huida del miedo en la palabra, el dolor de la maternidad («Pájaro de alas rotas/ Mi hijo»), la incapacidad de construir una identidad («Yo es lo que acompaña el goteo») y la responsabilidad y la conciencia tanto individual como colectiva frente a la guerra y la injusticia, cuestionando de esta manera el propio lenguaje como medio de perversión. Esta se transmite a través de una ceguera progresiva, de la disonancia, del grito y de la herida. La boca queda mutilada: «los labios vendados / las almas / vendadas», sin divagaciones intelectuales que supondrían un distanciamiento de la realidad, el asesinato se reduce a una definición militar utilitarista y objetiva: «Apretar / era retraer el índice / sobre el cerco suave del acero / hasta vencer su resistencia». A lo largo de la obra, el sacrificio parece ser eterno y absurdo, por lo que se cuestiona la lucha, igual que se cuestiona el lenguaje, capaz de excluir y encasillar, de insultar y ejercer la violencia a través del nombre.

Se produce una justicia poética —ojalá real— en la que el poeta da voz a los silenciados, a los muertos, a los vencidos: «¿Cuántos cantaron que no se oyeron? ¿Cuántos cantan ahora, en este instante?»
De esta forma entra la música como refugio y grito de los que padecen, de manera que recuerda a la música atonal de Schönberg. En sus composiciones se refleja la importancia de la memoria del holocausto, la necesidad de volver sobre el dolor y la atonalidad —el desgarro armónico, la disonancia o el balbuceo, presentes en el poemario— como único lenguaje posible.

Bibliografía

[1][2] Maillard, Chantal, Conferencia «La creación» , Centro de Cultura Contemporánea, Barcelona, 2012.
[3] Arroyave, Myriam, «¡Silencio!…Se escucha el silencio», Revista Calle14, v.8, nº 11, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, julio–diciembre, Bogotá, 2013.
[4][6] Hidalgo Rodríguez, Ana, Chantal Maillard y la poética del animal, Universidad de Granada, 2015.
[5] Gómez, Francisco Vicente, El concepto del “dialogismo” en Bajtin: la otra forma del diálogo renacentista, Centro Virtual de Cervantes.

Laura Theurer

Nacida en Madrid el año 1994, de origen alemán por parte materna, estudiante de Filología Hispánica y Lenguas Modernas en la UCM. Miembro fundador de la Asociación Universitaria de Mujeres Olvidadas, en la que se investiga sobre escritoras, guionistas y filósofas para visibilizarlas mediante conferencias, recitales y ciclos de cine. Toca el violín en varias orquestas, como en la Sinfónica Joven de Madrid y en la JOCSMAB. Entre sus referentes poéticos se encuentran Vicente Aleixandre, Alejandra Pizarnik, César Vallejo, Joyce Mansour, Georg Trakl y Gottfried Benn.

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