Reflexiones sobre la infancia o cómo decirles adiós a los sueños

La de Orejudo es una autoficción canalla, llena de historias entrelazadas y mezcladas al modo cervantino, que no pretenden ser correctas ni complacientes, tan sólo pedazos de verosimilitud derivados de los recuerdos de la infancia del autor. Con la excusa de reflexionar sobre El club de los cinco—aquellas novelas detectivescas para niños protagonizadas por tres hermanos, Julián, Ana y Dick; su prima, Jorgina o Jorge, y Tim, el perro, que tanto éxito tuvieron entre los 40 y los 70 en todo el mundo— Orejudo nos trae esta última novela, en la que vuelve a recurrir a un humor irónico y políticamente incorrecto, para enseñarnos cómo las ideas de la infancia son imposibles de sostener en la edad adulta.

Orejudo (Madrid, 1963) pertenece a una generación que vivió la Transición cuando eran demasiado jóvenes como para poder opinar, y que ahora son demasiado mayores como para salir a las calles a expresar lo que piensan. Por esto, nuestro autor decide recurrir a la literatura como arma arrojadiza frente a una sociedad pasiva y anestesiada, aunque a veces el mensaje no termine de quedar muy claro. Entre los pedazos de realidad que se cuelan en la trama, el autor nos habla de sus hijos, demasiado inmersos en sus smartphones como para poder imaginarse y soñar con una aventura como la de los cinco.

Orejudo vuelve a su infancia para contarnos su primera experiencia con los cinco y analiza cómo le sorprendió la trama, de una dudosa verosimilitud para un adulto, pero completamente fiable para un niño. Poco a poco va desbrozando la aparente idílica vida de los cinco, en lo que parece un intento por burlarse de la ingenuidad de los lectores infantiles de su generación, que leían ávidamente estos libros. Pero no se detiene ahí, sino que muestra cómo habría sido la vida de los tres hermanos y de su prima en caso de haber sido reales, según la imaginación del autor, claro está. Orejudo entrelaza su propio crecimiento con el de los personajes de Enid Blyton, y parece querer señalarnos siempre hacia la misma dirección: la resignación de los sueños frustrados y el devastador paso del tiempo. Frente al futuro de Dick y Julián, sobre el que pasa de puntillas, Orejudo se deleita en recrearnos la confusa orientación sexual de Jorgina y el cambio radical que sufre Ana. La descripción de sus vidas llega a ser tan minuciosa, que el lector llegar a cuestionarse si de verdad son personajes de ficción, o tan reales como cualquiera de nosotros. Ahí reside el verdadero talento de Orejudo: al igual que en sus otras novelas, juega con la fina línea que separa la realidad de la ficción hasta el punto de convertirlos en uno mismo.

Frente a la trama protagonizada por los cinco, resulta de mayor interés la que corresponde al autor: sus disparatadas y divertidas anécdotas sobre su experiencia en el colegio, así como su primer beso y los motes que se ponían los compañeros, hacen que la lectura sea tremendamente ligera y sencilla, como si estuviéramos manteniendo una conversación en un café más que leyendo un libro. A pesar del tono jocoso e incluso socarrón utilizado por Orejudo, en toda la obra subyace un tono ciertamente pesimista que queda al descubierto cuando el autor enumera todos sus proyectos fracasados o señala el triste desenlace de alguno de sus compañeros.

Lo que no deja de resultar llamativo es el tremendo elogio que hace de su buen amigo Rafael Reig, al que le atribuye la idea de escribir un libro sobre qué fue de los cinco cuando se hicieron mayores, titulado After five. Orejudo no solo le atribuye la idea del libro que él mismo está escribiendo, sino que en numerosas ocasiones señala la admiración desmedida que le procesa —que lleva procesándole desde la universidad— y que llega a confundirse con la envidia en múltiples ocasiones. No obstante, gracias al talento de Orejudo para jugar con la ficción, uno nunca puede llegar a hacer afirmaciones rotundas sobre sus verdaderos sentimientos.

Los cinco y yo es un libro divertido y fácil de leer, más propio del entretenimiento que contenedor de una enseñanza profunda. Orejudo no busca remover nuestras conciencias más allá de hacer un chiste sobre nuestras pretensiones en la infancia y recalcar que todos los ídolos—incluso los ficticios e infantiles— tienen los pies de barro.

Marina Patrón Sánchez

Estudié Periodismo y Derecho en la URJC, pero la Literatura y un Máster en la UCM salvaron mi vida. Ahora estoy pensando qué hacer con ella.

2 Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.